A veces la
vida no está llena de magia. A veces los monstruos no existen. A veces solo
existe lo que estás viendo y no hay ningún secreto en ello por más que lo
busques. No importa: solo sigue viviendo, sigue soñando, sigue buscando.
Simplemente,
a veces la aventura no está ahí afuera esperando a que te subas a ella, no está
ahí para que juegues con ella a vivirla o a sentirla, no está ahí para que
solamente la disfrutes.
Pero puedes
crearla. Puedes salir allá afuera y crear una aventura; entonces si podrás
subirte a ella, jugar con ella a vivirla o a sentirla, si estará ahí para que
solamente la disfrutes. En blanco o en negro, a veces en gris, cuando la creas
al final siempre la disfrutas.
¿Cómo
crearla? No puedes crearla del aire: no hay aire suficiente para llenar la vida
de magia, crear monstruos o encontrar secretos. Pero sirven bastante las
oportunidades y los riesgos, los cambios y los golpes de suerte. Sirve la
esperanza y la insistencia. Y la imaginación, por sobre todo la bendita
imaginación, que le da vida a las palabras antes de que se pierdan en el aire,
bajo varios kilos de papel, en los pensamientos o hasta en lo más recóndito de
Internet. Porque sí, aunque no lo creas, las palabras se pierden en todos lados
gracias a una fuerza silenciosa y dormida pero fuerte a la vez. Se pierden
gracias al olvido.
Por eso yo
nunca olvido lo que quiero que sea real ni las esperanzas, yo no olvido cuan
feliz me hace la ilusión.
Olvido
muchas cosas, como que cené hace una semana o cual fue mi resultado en el último
examen, pero jamás olvido la aventura y la ilusión de esta.
Jamás olvido el
futuro.