lunes, 11 de marzo de 2013

En realidad...


A veces la vida no está llena de magia. A veces los monstruos no existen. A veces solo existe lo que estás viendo y no hay ningún secreto en ello por más que lo busques. No importa: solo sigue viviendo, sigue soñando, sigue buscando.
Simplemente, a veces la aventura no está ahí afuera esperando a que te subas a ella, no está ahí para que juegues con ella a vivirla o a sentirla, no está ahí para que solamente la disfrutes.
Pero puedes crearla. Puedes salir allá afuera y crear una aventura; entonces si podrás subirte a ella, jugar con ella a vivirla o a sentirla, si estará ahí para que solamente la disfrutes. En blanco o en negro, a veces en gris, cuando la creas al final siempre la disfrutas.
¿Cómo crearla? No puedes crearla del aire: no hay aire suficiente para llenar la vida de magia, crear monstruos o encontrar secretos. Pero sirven bastante las oportunidades y los riesgos, los cambios y los golpes de suerte. Sirve la esperanza y la insistencia. Y la imaginación, por sobre todo la bendita imaginación, que le da vida a las palabras antes de que se pierdan en el aire, bajo varios kilos de papel, en los pensamientos o hasta en lo más recóndito de Internet. Porque sí, aunque no lo creas, las palabras se pierden en todos lados gracias a una fuerza silenciosa y dormida pero fuerte a la vez. Se pierden gracias al olvido.
Por eso yo nunca olvido lo que quiero que sea real ni las esperanzas, yo no olvido cuan feliz me hace la ilusión.
Olvido muchas cosas, como que cené hace una semana o cual fue mi resultado en el último examen, pero jamás olvido la aventura y la ilusión de esta. 
Jamás olvido el futuro.